miércoles, 9 de abril de 2014

SERPIENTES Y ESCALERAS



Parto de la suposición que todos hemos jugado este clásico de los juegos de mesa que consta de cien casillas circulares, siete serpientes como resbaladillas, y ocho escaleras. Muy probablemente el objetivo de este juego haya sido, en un inicio, más didáctico que lúdico. Veamos de qué clase de didáctica se trata aquí: el reptil más cruel que advierto en el tablero que tengo frente a mí, uno muy viejo que era de mis hijos y cuyo cuerpo es de cartoncillo de unos 30 puntos de calibre cuando menos, une las imágenes, en la cola, de un niño martillando un clavo en una pieza de madera, y en la cabeza, el chico llora porque se ha machucado el dedo. Esta asociación de ideas es inesperada porque el niño está haciendo las cosas bien: martilla en el sitio correcto, no en un juguete o en la mano de alguien más y, sin embargo, recibe un castigo doloroso. El jugador en turno regresa, del número noventa y ocho (a solo dos puntos de ganar) a la posición veinte. Esta situación me obliga a pensar en mi propia vida. Algunos actos que cometo, que califico como buenos, de gente trabajadora, de alguien que se preocupa por sus semejantes y que da hasta un poco más allá de lo que debería, definitivamente me han llenado de dolor.
En otra jugada, el reptil menor del tablero solo regresa doce casillas al jugador: de la número dieciocho a la seis, este retroceso se debe a un chico que rompe el cristal de una ventana, con su charpe, en la cola y, en las fauces de la bribona serpiente, el padre le golpea las asentaderas a la usanza antigua: postrado en su regazo y a nalga pelona. En la casilla noventa y seis hay un chico que hace malabares sobre la rama de un árbol. Quien caiga en ella deberá regresar a la casilla número cuarenta, enyesado, a una cama de hospital. Una niña que brinca en la cama de la casilla setenta y ocho, aparece sentada en el suelo en la casilla veintisiete acompañada, claro está, de la cabeza del reptil. Esta didáctica para niños claramente demuestra que los actos arriesgados siempre tienen consecuencias indeseables (pero en realidad no es así, es decir, no siempre). Si no queremos sufrir una caída o una rotura de osamenta, no salir de casa ni aventurarse en trepar a un árbol parecería la respuesta correcta aunque a veces no pasa nada por hacerlo y, por el otro lado, aun no ejecutando ninguna acción arriesgada, podemos sufrir daños. Nada nos asegura que no tropezaremos en la escalera, con el escalón del baño o con una silla mal puesta. La fatalidad está presente todo el tiempo y no debemos culpar a nadie de que esto suceda. Sí debemos disminuir las posibles causas de accidentes pero, aun así, no se pueden evitar.
Regresando a nuestro juego, el hombre que asalta el banco a mano armada en la casilla sesenta y dos, pone cara de tristeza tras las rejas de la casilla trece. Por otro lado, se premia el ahorro con treinta y cinco tantos y los actos heroicos (específicamente salvar a alguien que se está ahogando, con un reconocimiento público en la imagen ochenta y cuatro y con cuarenta y un puntos al jugador). Alentar esta acción no parece buena idea, hoy en día sabemos que los salvadores de quienes se están ahogando, no salvan al otro y se ahogan también. Se premian los trabajos domésticos: una niña elabora un pastel en la casilla diecisiete, el cual se contempla apetitoso y lindo en la sesenta y siete. Cultivar la tierra se premia dos veces: de la casilla diecinueve a la cuarenta y cinco, y de la cincuenta y dos a la setenta y seis. Mi tablero de Serpientes y Escaleras no tiene fecha de edición, pero sí la leyenda que dice: Hecho en México por Comercial y Manufacturera S.A./ Centlapatl 178/ México 16, D.F. Cat. No. 1106 y en él, todas las demás casillas están ilustradas con figuras de animales. El objetivo del juego ha cambiado con el tiempo: lo hemos usado muchas veces y los participantes en el juego jamás miran su contenido. Solo ponen atención a tirar los dados y a contar los avances o retrocesos.

Me pregunto si la vida es como este tablero, un espacio donde constantemente retrocedemos y avanzamos. Cuando uno siente que va alcanzando plenitud, tranquilidad y auto realización, situaciones imprevistas pero cotidianas le regresan a niveles superados antaño pero que pueden sentirse nuevamente con la misma intensidad: mezquindad, intolerancia, falta de humildad, exigencia, estupidez, prepotencia. Cada quien se conoce y sabe de qué pie cojea. En estas circunstancias es necesario hacer un reajuste con uno mismo, un intenso trabajo para volver a sentirse bien y estar en condiciones de dar algo bueno a nuestros semejantes. Cada quien tiene su propio menú: cuidados, poesías, pinturas, música, comida recién hecha, ropa limpia, paseos, casa limpia, consejos, amor. Así se va ascendiendo otra vez. Se espera que en cada ocasión tardemos menos tiempo en lograrlo. El proceso de superación será más rápido pues ya nos auto conocemos y sabemos cuáles caminos elegir para mejorar. El destino siempre nos obliga a tirar dados y a movernos entre las casillas del calendario para conducirnos a la próxima serpiente que será más larga o más corta, nunca se sabe. El juego termina con la muerte. 

miércoles, 24 de abril de 2013



DÍAS NUBOSOS

Los días nubosos clavan espinas en los minutos de lo viejo: flechas rotas que alcanzan su destino con bordes y daños desastrosos.
En días así, las aves usan sus cantos para fabricar hermosos mantos coloridos. Tejen en silencio. Saben que de nada serviría su música contra el tenor del aguacero; en días así las nubes se acercan a la tierra y la tocan para refrescarla. Los días nubosos se derraman como novias asustadas (por ello los amargados se quejan de estos días).
Los días nubosos fertilizan los cuerpos, lamen las banquetas y se incrustan en los lomos de libros no anunciados.
Ir a la cama es un remedio inevitable para curar el alma de una nube aterrizada en el jardín o en la cochera de los embustes cotidianos. Ir a la cama a esperar que un día así se prolongue tanto, que nos deje hambrientos.
Ir a la cama con ese alguien que todos deseamos, cobijados con lucidez interna, la que nadie conoce. Esa confidencia que solo a nosotros mismos nos confiamos.
Los días nubosos son cómplices indispensables de los amantes. Son el pan donde se unta la alegría del amor. Todo lo saben y nada revelan, todo lo consiguen y nada queda sin hacer.
En los días nubosos, hay que ir a la cama con las ventanas abiertas. Dejar que la humedad penetre las duras arterias del olvido.

© Lilia Cenobia Ramírez






                      ULISES Y EL AZUL

Ulises ya sabía que azul es el canto de las sirenas
y las flores que crecen en el brocal de la soberbia.
Sabía Ulises que los montes lejanos son azules
y el océano y la tristeza y el desamor.
Que veinte años de estrellas son azules cuando se alejan
y la distancia entre las fronteras es también azul.
Yo solo sé que azul es la brisa gélida,
                                   el portarretratos junto a mi cama
y lo amargo de las almendras.
                                  Sé también que de azul me pinto las manos
para llamar a los perdidos
y que entretengo a la muerte con un tejido azul.

©Lilia Cenobia Ramírez

domingo, 4 de diciembre de 2011

LA PRISA MATA


Eso fue lo que dijo el tío que se acercó a la ventanilla de la Toyota, a manera de salutación y un poco de felicitación después de que, con otros aficionados como él y mi hijo, nos habían rescatado del atasco en el que caímos al formar parte de la caravana de vehículos 4 x 4 de la que formábamos parte en un recorrido de 100 km entre los caminos vecinales de la campiña ibérica en la provincia andaluza de Huelva. A grandes voces explicó: “la prisa mata”, nos dicen los marroquíes a los españoles que conducimos por las calles de Marruecos queriendo, a bocinazos, abrirnos paso entre una multitud que se toma la vida con lentitud, imitando la aparente inmovilidad del desierto.
Frente a una alta ventana donde los rayos de sol, tan al sur ahora, iluminan mi teclado, un balcón al otro lado de la angosta calle ondea tres banderas: la de España al centro, la de Moguer a la derecha y a la izquierda la bandera de Andalucía: tres franjas horizontales, verde en los extremos y blanca al centro con el escudo andaluz que es, oficialmente, un logotipo basado en el escudo de la ciudad de Cádiz (que forma parte del municipio del mismo nombre y que, junto con Almería, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla, forma parte de la Comunidad Autónoma de Andalucía). El escudo muestra la figura de un Hércules joven entre las dos Columnas de Hércules que la tradición sitúa en el estrecho de Gibraltar, lugar que separa a España del África, con una inscripción a los pies de una leyenda que dice: "Andalucía por sí, para España y la Humanidad". Cierra las dos columnas un arco de medio punto con las palabras latinas "Dominator Hercules Fundator", también sobre el fondo de la bandera andaluza. La entrada del edificio pone: Servicios Sociales, Excelentísimo Ayuntamiento de Moguer. Unos pasos hacia el oeste, donde pronto se pondrá el sol sobre el mar, una profusión de violetas, naranjas y amarillos sobre un azul atlántico límpido adornarán el espectáculo del anochecer en lontananza, y si uno recorre la mirada acercándola, tropezará con la Plaza de la Coronación en honor de la virgen de Montemayor, patrona del lugar. Una columna de mármol ubicada en el extremo norte de la plaza, sostiene una réplica de la virgen en lo alto, mientras un pastor en un nivel inferior, alarga la mano para tomar la corona que le ofrece un ángel, con la intención de ponerla sobre la cabeza de la madona. En el extremo sur del jardín, dos bancas largas, de espaldas, una frente a otra, cubiertas con azulejo, son el punto de reunión de los inmigrantes a la zona, en su mayoría africanos: negros y musulmanes que llegan en pequeñas embarcaciones llamadas pateras debido a la alta demanda de mano de obra que esta región ofrece. El pequeño municipio cuenta con un poco más de 20,000 residentes, de los  cuales, según la página del Instituto de Estadística de Andalucía, casi 4,000 corresponden a extranjeros; el país de origen que se lleva el primer lugar en exportar inmigrantes es, precisamente, Marruecos. Así que el árabe es un idioma que se escucha mucho en la plaza, en las tiendas, en la calle. Mujeres que cubren su cabeza con el hiyab abundan por aquí, aunque no usan la burka, que es el velo con el que se cubren la cara las mujeres del Islam.   














El recorrido de las 4 x 4 ocupó todo el recorrido del sol: cerca de 12 hrs. De subir y bajar colinas, atravesar puentes, marismas, caminos que las lluvias deslavaron y que son ideales para probar la destreza de los conductores, quienes convierten en espectáculo cualquier rescate. Todo es motivo de fiesta, de celebración, de tomar “cubatas” y cervezas, freír enormes “gambas” (langostinos, diríamos en Veracruz), comer hasta la saciedad tortillas de patatas, aceitunas, quesos de cabra añejados, lomo y jamón ibéricos, pollo al jerez, ojaldres de atún, y cuanta botana usted pueda imaginar de la variada cocina española. El sol pintó los campos de rosados en los árboles de melocotón que ya están floreando a todo lo que dan. Los zurcos cubiertos con plástico forman túneles inacabables por donde se asoman las flores y algunas fresas y fresones de tamaño desmesurado que ya están siendo cosechadas, listas para la exportación. Caminamos sobre huertos de olivo, algunas frutas todavía penden de los árboles que con el sol dan tonalidades de plata, ya sembraron el girasol, en mayo estará lista la cosecha. También hay recolección de la bellota del pino mediterráneo, para beneficiar el piñón. Toda una visión de la España agrícola, y una cosa que ya había observado otras veces desde el avión en toda la península, la tierra aquí, no es negra, por todos lados hay barro, los colores van del amarillo al rojo, eso resalta el colorido de los cultivos. Al anochecer, la campiña nos regaló sus luces nocturnas: las estrellas brillaron como hace tiempo no las veía, la luna, en su cuarto creciente, era un disco que colgaba hacia el poniente y era transparente, líquida, diáfana. Yo, con Marcelita entre los brazos, daba gracias a Dios por el privilegio de estar viva, y sin ninguna prisa. liliaramirezdeoriza@hotmail.com

SIN FECHA DE CADUCIDAD


¿Quien no ha comprado yogures? Es el producto que más comúnmente la gente piensa en él como con una vida de anaquel determinada. Programas de televisión y películas hacen mofa sobre cuando estos productos están por fenecer y tenemos un sobrado stock en el refrigerador, No sabemos qué hacer: Comerlos, regalarlos o tirarlos al otro día que caducan. Sin embargo, no es tan radical el asunto: dos o tres días más no hará que estos delicados lácteos nos sepan mal y mucho menos nos hagan daño si los ingerimos tal cual. Es un mero requerimiento de la Secretaría de Comercio el que los alimentos tengan una fecha impresa en la etiqueta que ponga hasta cuando estarán en sus condiciones óptimas para ingerirse. De hecho, el término de fecha de caducidad ha sido cambiado por el más suave: “mejor si se consume antes de” y en seguida la fecha. Otros productos han sido requeridos para que den esta importante información al consumidor, que antes ni soñado era que uno se enterara. Es más, me tocó ser testigo que algunos comerciantes raspaban tal información de productos lácteos (cuya caducidad es corta) tales como crema o mantequilla, para seguirlos vendiendo después de la fecha, como si nada pasara. Y la gente, ¡no se daba cuenta! Es decir, no había la suficiente cultura como para no comprar tales productos, y mucho menos para reclamar al comerciante por su engaño. A la fecha, productos tales como el pan Bimbo, quienes antes manejaban un código de colores en las tiritas de plástico con las que cierran las bolsas, que solamente podían descifrarla los vendedores, están obligados a poner esta fecha impresa, de manera que uno al comprar, sepa con certeza hasta cuando el pan mantendrá  su frescura. Los medicamentos son otra línea que es indispensable revisar con cuidado, sobre todo los antibióticos. Todo esto nos conduce a pensar que todo tiene un estado final que si se rebasa, ya no es tan bueno como al principio. Las frutas y verduras que compramos a granel es un gran ejemplo de que comprar barato y mucho puede salirnos tan caro como comprar poco a un precio más alto, pues los vegetales pueden arruinarse en el platón del centro de mesa o en el refrigerador, e ir a dar al bote de basura.
Y el que todo tenga un final, nuestra vida no se escapa a esa regla. La primera infancia, la niñez, la vida laboral, la vida sexual,  la autonomía, todas las etapas y en todos los ámbitos existe un principio y un final. Algunas telenovelas usan esta frase para reclamar por ejemplo a un amante o a un amigo que si su amorío o amistad tienen “una fecha de caducidad”. A veces sí, aunque al principio, esta sea desconocida. Los matrimonios se disuelven, las amistades se diluyen, la juventud se esfuma, las enfermedades se curan. Cuántos cantantes, actrices, actores, hemos visto surgir, ser famosísimos para después caer en el olvido, o cuando menos, ser sustituidos por otros personajes que alcanzan  tanto fama como ellos. Para donde volteemos la mirada, siempre encontraremos situaciones que tienen una fecha de caducidad grabada desde el momento mismo en que dan inicio. Para ello está la estadística, que nos abastece información sobre la vida media de casi cualquier cosa que queramos saber. Entonces, si todo es finito, cuáles son las cosas que podemos calificar de no serlo, es decir, de ser infinitas por su naturaleza misma. La respuesta es que no hay nada que dure para siempre, y hasta la belleza cambia, según la canción. Sin embargo, creo que sí hay algo que dura para siempre: el amor. El amor vive en nosotros, nos da vida, nos nutre, y es una fuerza que podemos transmitir a los que nos rodean para hacerles fuertes también, para transmitirles nuestra identidad a través de la cultura, de nuestras canciones infantiles, de nuestras recetas para cocinar, de nuestras costumbres (las buenas, desde luego, las que no dañan a nadie). Es con amor como enseñamos a nuestros hijos, a nuestros nietos, a nuestros descendientes en general, pero también a otros niños, a otras personas, cercanas o lejanas, lo que somos, lo que hemos sido, lo que nuestros ancestros nos dieron. Y es esa cadena que va llenando el vacío de la modernidad, de la tecnología (con la cual no estoy distanciada, ni mucho menos), la que no tiene fecha de caducidad. Conservar las raíces de quienes somos, no importando en qué país del mundo vivamos, nos hace vibrar, nos hace amarnos a nosotros mismos y reconocer esa persona a la que mucha gente ayudó a realizarse. Esta mañana de domingo, en la costa de la luz, en la cocina de una casa con estufa eléctrica y olor a cerdo ibérico, escuché emocionada mi propio palmoteo al preparar memelitas con una harina de maíz importado de Colombia. He sentido gran añoranza por las mujeres de mi tierra, de esa tierra que como he puesto en uno de mis blogs, es la puerta al Mundo Náhuatl. Maquinalmente he realizado algunas acciones como he visto hacer docenas de veces a estas paisanas mías: cómo darle la vuelta a la memela, cómo revisar su cocción, pellizcarla, llenarla de manteca. Y aquí, donde el palmoteo se usa para bailar sevillanas, he sentido latir mi corazón con una fuerza inusitada: “El mexicano palmoteo en la azul tortilla hecha a mano.” liliaramirezdeoriza@hotmail.com   

lunes, 5 de septiembre de 2011

CON LAS BANDERAS AL SOL





Parece que estamos en Londres, - nunca habíamos estado en realidad-. Solo era de oídas o de lecturas (no de series de televisión pues entonces no llegaba aquí la señal) que sabíamos a Londres llena de neblina, igual que nuestra querida Orizaba. De muchachos nos sorprendía la  densidad de la condensación, no se lograba ver al otro lado de la calle. Por eso es que el día de ayer, soleado como pocos hemos tenido este verano que ya está por despedirse, ha sido un deleite visual de esos que reconfortan el alma la profusión de banderas sobre los techos, en los taxis, recortadas contra un límpido, claro y magnífico azul.
Lorenzo es un tipo en cuya casa suiza estuvimos hospedadas tres personas en una ciudad  del Mittelland suizo, Aarau “la ciudad de los frontones bellos”, llamada así por los “Dachhimmel” o decoraciones pintadas en la parte inferior de sus tejados, por ella corre el río AAre. Lorenzo Sager nuestro anfitrión, que entonces era  joven, nos mostró un hermoso alhajero construido por él, que me dejó sorprendida por la tan delicada forma de hacer los cojines de seda donde pondría sus plumas fuente, sus anillos, sus mancuernas. La delicadeza de los pliegues, la perfección sin arrugas, el pegamento idóneo. Alabé su trabajo, Es para dar calor al corazón, ¿Qué quieres decir?, Ustedes no comprenden porque viven en países soleados, pero cuando uno solamente tiene la oportunidad de ver al astro rey cuatro meses por año, y de todos modos pasa en forma oblicua (nunca sobre las cabezas de las gentes), el corazón se siente desolado y es necesario calentarlo, de otra manera moriríamos de tristeza. La respuesta me sorprendió entonces aun más que su destreza en hacer alhajeros. Años después, en el pequeño pueblo minero de Silver Bay, Minnesota, a orillas del Lago Superior, visitábamos otra residencia, la de los Longmore, Larry y Lynn. Larry trabajaba como bibliotecario en la escuela William M. Kelley High School, donde mi hija estudió el último año de preparatoria. La casa era una cabaña toda de madera con muy bellos espacios interiores. Llamaba la atención el colorido, sin llegar a ser chocante: colecciones de ángeles dispuestos en repisas, flores de tela, pisapapeles, guirnaldas, muñecos, pinturas, tapetes, cestos, vasijas, en resumen, una feria cromática. Por las ventanas un verde imparable cubría montañas y campos. Larry, qué hermosa casa tienes, cuánto color cuánto detalle en decorarla, Es para no deprimirse, para mantener alto el espíritu a pesar de la larga temporada invernal. Me llevó junto a la ventana, ¿Ves todo aquello? pues imagínalo blanco, todo blanco durante casi ocho meses al año. Te invade la angustia, no es lo mismo mirarlo verde como ahora, que la nívea monotonía de la nieve. Por eso estamos muy contentos de que tu hija nos haya enseñado a hacer piñatas mexicanas. Las haremos para decorar la escuela y eso nos llenará de alegría y de optimismo. Romperemos la blancura con que se impregna  nuestra retina al entrar a los pasillos de la high school. Y de veras que, cuando sobrevolamos Toronto, de regreso de otro viaje, esta vez al Asia, no pude menos, al asomarme por la ventanilla del Jumbo en el que habíamos sobrevolado el Pacífico desde Shanghai, sentir pena por la gente que se miraba allá abajo, paleando nieve para salir de su casa.
Pero ayer, oh maravilloso Palacio Municipal con tu enorme bandera ondeando en el centro, tus pendones en la fachada, las banderas sobre el puente nuevo. Disfruté la ciudad, regocijada. Tal vez se deba a mi tiempo libre, tal vez a mi edad, quizá sea gracias a los hermosos jardines que esta administración municipal ha rescatado por toda la ciudad. Rinconcitos por los que uno pasaba y anhelaba ansioso que alguien se fijara en ellos: sitios enyerbados con el pasto raído, llenos de basura, nadie se atrevía a sentarse a tomar el sol ahí. Ahora, los niños y jóvenes los llenan como pequeñas abejas a libar la miel de su prestancia y buen gusto. Los jardines se han convertido en colmenas de alegría. Caminar por las avenidas de nuestra ciudad, sensación de progreso y civismo. 
Septiembre embanderado y un bendito sol que proyecta nuestras sombras desde lo alto, brindan a quienes salimos a andar la ciudad por placer, por trabajo o por negocios, de una maravillosa vista que satura el espíritu no solo de matices, sino de patriotismo, de alegría, de esperanza. Es una plegaria tricolor que desplegamos todos los ciudadanos con nuestras oraciones de mariachi, de guitarra, de corrido, de bolero, de danzón, de marimba. Un grito a las divinidades de los cielos mexicanos con nuestras enseñas como exvotos para que el panteón de los dioses patrios nos redima de esta inestabilidad que vivimos, de esta inseguridad que nos lastima, que nos limita, nos mutila, nos enajena, nos enloquece, y nos deprime como si el Dios Sol nos hubiera abandonado. Pidamos al cielo, quien quiera que sea el dios de cada quien, que el derramamiento de sangre disminuya, que ya hayamos alcanzado el nivel más alto de la curva de muertos, que ésta comience a descender precisamente este septiembre de los centenarios, con nuestras banderas al sol. liliaramirezdeoriza@hotmail.com

SUEÑO DE ATLAS






Según Wikipedia: Atlas es el nombre de la primera vértebra cervical; Atlas es un satélite de Saturno; Atlas es una estrella de las Pléyades; ATLAS es un proyecto de telescopio espacial; Atlas es una financiera chilena, filial de la antigua Citibank Chile; ATLAS son las siglas de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas; Atlas es una agencia de noticias española perteneciente al grupo Telecinco; un atlas es un libro de mapas; El Atlas es una cordillera en el norte de África; Atlas en informática, es un framework de Microsoft; La rebelión de Atlas es una de las obras más influyentes en la Unión Americana, escrita por Ayn Rand, filósofa del Siglo XX de origen ruso; en topología, un atlas es un conjunto de cartas que cubre una variedad; Atlas en la mitología griega, es un titán que sostiene en sus espaldas los destinos del mundo; Atlas, citado por Platón en sus obras, es el primer rey de la Atlántida, hijo de Poseidón y la ninfa Clito; Atlas es un cohete espacial fabricado en Estados Unidos;

Atlas es una empresa fabricante de aviones; El Atlas de Guadalajara es un equipo de fútbol de México; El Club Atlético Atlas, es un equipo de fútbol de Argentina; Sueño de Atlas es una coreografía original de Karime Chan, oriunda de la ciudad de Mérida,  Yuc., interpretada por Alexis Zamora Miracle, orizabeña, ambas egresadas de la Facultad de Danza Contemporánea de la Universidad Veracruzana, puesta en escena para el público orizabeño el pasado 28 de  mayo en el Teatro Ignacio de la Llave, bajo el auspicio del H. Ayuntamiento de Orizaba, a beneficio del DIF Municipal, gracias a la bondadosa idea de la bailarina Alejandra Fernández, quien convocó a varios grupos dancísticos de la ciudad tales como: Compañía Folklórica Orizaba, Agencia Pepe Solorio, Instituto Regional de Bellas Artes de Orizaba, Expresarte Danza Studio, Difunkmination y Arte en Movimiento, quienes ofrecieron un gratísimo y bello espectáculo de veinte danzas en una gama que abarcó ballet clásico, ballet folklórico, revista musical, danza contemporánea, jazz, hip hop y coreografía moderna.     


Yo interpreto, tú interpretas, él o ella interpretan, todos interpretamos, es decir, las personas, de la manera más sencilla, y de acuerdo a su propia idiosincrasia, constantemente dan una lectura individual a todo aquello que les rodea, que escuchan y que de alguna manera, llega al imaginario personal a través de los sentidos: la vida familiar; nuestra relación con la pareja; los acontecimientos políticos, sociales, atmosféricos, económicos; las actividades de ocio: una película, un libro, una canción, un antojito, un baile. Sin embargo, en el otro sentido, el de ser a la vez ejecutante e intérprete y hacerlo con propósito artístico y siguiendo pautas coreográficas precisas e intencionales, no es fácil, se requieren habilidades diversas: imaginación en primer lugar, de ahí: destreza, conocimiento, soltura, gracia. Quienes asistimos a esta regia interpretación dancística, también tenemos el poder de interpretar la interpretación en la que, bajo el título de Sueño de Atlas, Alexis trata de conciliar lo que la coreógrafa Chan quiere con lo que ella misma siente y desea que sea su danza. El propósito de ambas es contar una historia a través de los movimientos acompasados que se dan entre una enorme y suave pelota y la bailarina. El inicio provoca perplejidad: sólo se ve la gran esfera y sobre ella se apoyan las plantas de unos pies cuyos arcos perfectos destacan por la ausencia de polvo (extraña imagen en el escenario). El cuerpo de la bailarina permanece unos segundos oculto. Sus pies, de largos dedos, ejecutan ciertos movimientos sobre la pelota, como un andar sobre ella, da la impresión de un génesis. De repente, ataviada con un unitardo decorado por otro talentoso orizabeño: Josías Campos Zepahua, el cual representa un ente sin género ni piel, venas y arterias al descubierto, un ser que es todos y ninguno, la bailarina hace su aparición reclinándose desde atrás sobre la pelota y empieza la danza en sí misma. Esa parte de nosotros mismos, que, nos guste o no, es imposible escapar de ella, es como una cruz que se lleva a cuestas, pero también puede ser alegría, plenitud, algo placentero. La interpretación va más, mucho más allá de la simple ejecución. Cada bailarín pone su propio sentimiento y emociones particulares en lo que quiere proyectar. A pesar de que Sueño de Atlas se puso en escena en 2010, con tres presentaciones en la ciudad de Xalapa: en el Congreso del Estado, en la escuela de Cine Luis Buñuel y en el espacio cultural La Calle, en esta ocasión Alexis tenía algo muy concreto que transmitir al público: su profundo dolor por la pérdida de Chanel, su perrita que unas horas antes, había sido atropellada por un carro. Un día inolvidable en el que el amor a su profesión, a su arte, a la danza, actuaron como el bálsamo que mitigó la pérdida de su compañera de juegos. liliaramirezdeoriza @hotmail.com